MOVILETRAS

Para tener traslados más placenteros  y como parte de la promoción cultural que ofrece el SITEUR (sistema de tren eléctrico urbano), se implementó un programa de fomento a la lectura en coordinación dela Secretaríade Cultura a través del Programa Salas de Lectura.

Voluntarios y promotores capacitados desarrollarán actividades en la Estación Juárez y algunos vagones del tren ligero, encaminadas a compartir el gusto por la lectura en tiempos de espera y traslado largos.

Algunas de las actividades programadas son Cuentacuentos para niños, Lectura en atril, Lectura en familia, Diálogos de Lectura, Lectura en Vagones, Teatralizaciones y El tarot de la lectura.

La nueva Sala de Lectura MOVILETRAS  se abre para todos los Mediadores de Salas de Lectura de lunes a viernes a las 19:00 hrs.  Aquellos que se quieran apuntar en esta aventura comuníquense con Kenia Fuentes a través del correo electrónico  kenia.fuentes@jalisco.gob.mx y entonces podrán ser programados.

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5 respuestas a MOVILETRAS

  1. Héctor Aguilar dijo:

    Ha sido algo más que un viaje en un vagón participar en Moviletras, muchos aprendizajes. He subido una anéctota en la bitácora que me ha generado un montón de ideas y muchas esperanzas.
    Héctor Aguilar
    Discípulo del pájaro carpintero.

    • Héctor Aguilar dijo:

      Martes 10 de mayo de 2011

      Para entrar a la estación no he tenido ningún problema, salvo que se invierten unos cinco minutos para explicar al guardia el proyecto y mostrarle el oficio. Estoy seguro que con el tiempo ya se acostumbrarán y todo será más ágil.

      Los guardias no se fijan en el horario que cada uno de los voluntarios ha planteado y ello es muy bueno porque así da más flexibilidad y operatividad al proyecto. Hoy por ejemplo, salí relativamente más temprano del trabajo y ello me permitió iniciar más temprano mi lectura.

      Mi estrategia fue esperar a que el vagón este con pocas gentes paradas para iniciar la lectura. Leí 2 cuentos fábulas de Augusto Monterroso. La gente es muy respetuosa de la actividad y pienso que de entrada se les ha de hacer raro o inoportuno para aquellas gentes que prefieren estar sumidos en sus pensamientos y preocupaciones de la vida cotidiana y con todo, soportan la lectura (que pretende ser apasionada) que uno realiza.

      En el viaje de regreso viví un pequeño incidente. Resulta que en el vagón venía un joven que no se encontraba bien de sus facultades mentales. Cuando empecé a hablar, este personaje, casi de manera instantánea, compitió conmigo (en el fondo creo que pensó que había encontrado un colega, alguien de su clan o algo por el estilo) y grito con una gran voz: ¡no te alcanzo a escuchar! Y enseguida me pidió que me acercara más a él. Y yo le hice caso, me acerqué lo más que pude y proseguí con mi breve introducción que explica la razón de estar en el vagón con un libro, de moviletras; de la animación a la lectura. ¡Tengo una voz más fuerte! dijo él, y entonces lo mire amigablemente a la cara y sinceramente le pedí si él me quería suplir en esta actividad (en ese instante pensé que aquello era en verdad una buena idea y que de aquí en adelante iba a intencionar la participación de un pasajero, en el fondo, pedía para mis adentros que este personaje me tomara la palabra) .

      ¡No sé leer! Me dijo, y con ello mató mis expectativas. Enseguida dejó su asiento y se colocó a mi lado, cerquita de mí. Inicié con la lectura y pronuncié en voz alta el título. Al instante él repitió el título a un volumen triple y varios de ahí nos reímos. Yo seguí con la lectura y él estuvo sumamente atento. En cierto momento, un grupito de adolescentes se echó a reír, estoy seguro que era consecuencia de la platica que entre ellos venían haciendo pero mi colega y escucha atento, pensó o interpretó que se reían de mí, entonces me regaló algunas palabras de ánimo. Otras risitas se escucharon y entonces lo que siguió fue la defensa del animador de lectura. El personaje se empezó a enfurecer y a decirles a los chicos cosas y entonces tuve que calmarle. En eso estábamos cuando el vagón abrió la puerta, ya había unos policías esperando entrar en acción, lo mandaron llamar y lo sacaron y si no es porque le explico que soy parte del proyecto moviletras por poco a yo también voy fuera.

      Me recuperé del incidente, se cerró la puerta del tren y proseguí leyendo. Leí otro cuento más y terminé mi participación. Una chica que se veía conmovida me aplaudió y después de esta expresión de agradecimiento me lanzó preguntas sobre el proyecto. Yo le respondí sus preguntas y la acompañe a la oficina de atención a clientes pues estaba muy interesada en integrarse como voluntaria al proyecto. Yo proseguí mi camino a casa pensando en la gran e intensa respuesta de la gente, si estaba convencido del proyecto, ahora lo estoy más.

      Héctor Aguilar.

      Discípulo del pájaro carpintero

      • Hector Aguilar dijo:

        11 de mayo de 2011.
        Por la mañana, en el vagón se escuchan niños que lloran. Mi censor me dice que este no es el momento indicado para leer. Pero el diablito que tengo dentro me dice lo contrario. Hago caso al segundo, por supuesto. Éxito, los niños paran automáticamente de llorar, sus lagrimas recorren sus cachetes mugrosos inevitablemente pero sus miradas me observan impresionadas. Yo trato de leer lo más emocionado posible, o sea divirtiéndome en este espacio-vagón en movimiento que poco a poco voy haciendo mío. Yo presiento que la madre de los niños en el fondo me lo agradece.
        De regreso, ya en la noche, me aplauden, me piden ¡otra, otra! y me regalan una pastilla de cereza para mi garganta algo ronca.
        12 de mayo de 2011
        8 de la mañana, vagón lleno como lata de sardinas y así hasta el periférico sur…imposible leer. Durante el recorrido van dos usuarios exhortos leyendo y me antojan para hacer lo mismo. Me dispongo a leer para esparcimiento propio. Entre que saco mi libro me invade un pensamiento: si cada usuario lector asumiera leernos en voz alta durante el transcurso de ida a su trabajo creo que con el paso del tiempo se iniciaría un contagiadero por leer, algo así como si cada familia plantara en su casa un árbol frutal tal vez nadie padecería hambre. Pensamientos ociosos, nada más.
        Ya de regreso recibo aplausos y con ello me siento doblemente importante ¿Saben por qué? Pues resulta que antes de entrar a la estación ya me piden que firme en una hojita. Apunto la hora y luego Moviletras y después mi firma y tan tan.
        18 de mayo de 2011
        Al menos en apariencia, la gente ni se inmutó después de leer tres textos de Monterroso. Creo que todos las pasajeros veníamos en calidad de bulto exprimidos por el trabajo.
        19 de mayo de 2011
        Después de hacer mi lectura llegamos justos a la estación del periférico sur. Salgo rumbo al trabajo y se acerca un trabajador de unos 50 años de la empresa donde contratan gente que habla perfectamente inglés. Me alcanza para agradecerme esta intervención de Moviletras y además me informa que en el ITESO habrá próximamente actividades interesantes de animación a la lectura. Efectivamente.
        Héctor Aguilar
        Discípulo del pájaro carpintero

  2. Héctor! qué gusto saber tu experiencia en Moviletras, yo soy de esas personas que no hacen más que leer cuando voy en el tren, o perderme en mi cabeza, como bien dices que parece que hace la gente. En lo particular no me ha tocado encontrarme con ninguno de ustedes en el tren, pero me encantaría participar cuando lo haga, si mi alimento muchas veces son las letras qué mejor que se haga un banquete donde estoy 🙂

    Espero seguir escuchando tus historias, y el espacio está abierto para que nos hables más de estas cosas que te pasan. Saludos y bien por todos los que colaboran para mover las letras!
    Nalleli

  3. María Tránsito Cam,pechano Covarrubias dijo:

    Ha sido una experiencia fuerte…poderosa…estar en la estación Juárez leyendo, contando, preguntando, ofreciendo lecturas y libros. Ayer una señora contestó a mi pregunta de ¿Cuándo has tenido que poner tu corazón a salvo? : “Hace cuatro años me mataron a mi padre, desde entonces yo había stado muy triste, puse mi corazon a salvo..para no sufrir, para no ensar en eso que me estaba pasando, y ahora, desde que venía atravesando las escaleras, venía oyendo el cuento…y sentí tan bonito…mi papá me contaba cuentos…muchas gracias por esto que están haciendo…” la señora dijo más cosas, pero de la emoción que sentí yo sólo puedo recordar esto. Hubo más participaciones de otros usuarios. Muchas gracias a todos los que detienen un poco su prisa para degustar un libro, una historia o sólo un descansito en las tarimas…

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