Mi papá el tragón (cuento inédito)

Hace poco mi mamá me dijo después cenar que mi papá era un tragón.  Yo me asusté mucho porque creí que mi papá era un monstruo.

Por las noches tenía miedo de ir al baño porque no quería ver a mi papá volando en medio de la sala.  Pobre de mi papá, ojalá no se enrede con una de las mil telarañas que cuelgan de nuestro techo.

Una vez leí en un libro que los tragones son de piel rasposa, que arrojan fuego por la boca y huelen mucho a azufre.  Yo no creo que mi papá guarde fuego adentro de la boca y si lo tiene, seguro que mi mamá lo apaga con su manguera.  Aunque sí huele mucho a grasa porque arregla coches, no es lo mismo que azufre, además yo creo que los tragones en lugar de arreglar coches, los destruyen con sus patotas.  ¿Y entonces por qué el no me raspa cuando me abraza?, al contrario, siento muy bonito cuando me abraza y lo único que raspa un poquito son su barba y su bigote.

Yo he escuchado que los tragones esconden princesas en sus castillos, pero por más que he buscado por toda mi casa, no he visto ninguna.  Tal vez mi mamá haya sido una princesa antes de casarse y con el tiempo se haya enamorado de mi papá el tragón.  Si eso fuera verdad entonces yo soy un principito y algún día despierte a una doncella de un hechizo maldito.  Si lo tengo que hacer le echaré un balde de agua fría porque los besos convierten a los príncipes en sapos de pantano.  Además eso es cursi, los niños no besamos a las niñas, las peleamos.

Mejor no quiero ser un principito porque tendría que luchar contra los tragones y yo no quiero pelear contra mi papá. Él es grande y fuerte y yo soy pequeño y débil, además los príncipes tienen una espada y yo nomás tengo un balón de futbol y un bat de béisbol.

Ojalá un día mi papá me lleve volando a la escuela, eso sería más rápido y divertido que ir en nuestro coche y si mi maestra deja de regañarme, hasta le pido a mi papá que le dé un paseo por la luna para que ahora sí me crea que es de queso y a mis compañeros también, sólo que a ellos les cobraría 5 pesos por vuelo.

Esto de pensar que mi papá es uno de esos tragones me parece más divertido que lo que dice mi tía.  Ella no cree que sea de esos que vuela y echa fuego, sino de esos que comen mucho, demasiado, hasta que les infla la panzota como a las mujeres embarazadas. Eso sí que me parece aburrido.

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Mediador de Sala de Lectura, Mario Alberto Hernández Wenceslao, licenciado en Letras Hispánicas y estudiante de la maestría en literaturas comparadas.

Yo escribo lo que hubiese deseado que otros escribieran para mí. Escribo lo que me gustaría leer. Para escribir no se necesitan más que una buena pluma, un puño de hojas y una increíble imaginación. Un buen escritor no imita… crea y da vida nueva

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